"Obras en la Cuatropea de Tafalla"
Por Amaia Jaurrieta Osés, ex concejala de Geroa Bai en el Ayuntamiento de Tafalla
Vamos a ver, Oskar. Quería compartir contigo estas reflexiones no solo como tafallesa, sino también como exconcejala de Geroa Bai, en un diálogo con quien hoy continúa esa responsabilidad como concejal de la coalición en el Ayuntamiento de Tafalla, sobre la obra que el alcalde, acompañado por el concejal de Urbanismo, presentó en el Kulturgune hace unas semanas.
El proyecto persigue, en principio, dos objetivos: mejorar la accesibilidad desde la zona de Recoletas hacia la parte oeste de Tafalla y actuar sobre las zonas deterioradas de los muros situados a ambos lados del inicio de la avenida de Estella.
Antes de entrar en el proyecto, merece la pena recordar brevemente cómo nació ese espacio. Históricamente, Tafalla se asentó sobre las últimas elevaciones existentes entre el cauce del Cidacos, al este, y el barranco del Ábaco, al oeste, antes de dar paso a la llanura donde se encuentra Olite-Erri Berri.
Desde el cerro de Santa Lucía el terreno desciende entre ambos valles hasta el antiguo Santo Hospital. Sobre esa topografía se levantó la ciudad amurallada, orientada hacia la vertiente sureste, más protegida de los vientos dominantes y mejor soleada.
Cuando la ciudad salta su cerco de piedra, apoyándose en ella e unos casos o derribándola en otros, a finales del siglo XVIII o comienzos del XIX, aquella ladera que descendía desde el Portal Nuevo hacia el sur impedía la comunicación entre el parte este y la oeste de la ciudad. La solución fue tan sencilla en su planteamiento como extraordinariamente valiente para la época: cortar la ladera para abrir un paso entre ambas vertientes.
Imagínate, Oskar, lo que debió de suponer rebajar unos seis metros de terreno para conseguir un paso de una anchura similar. Aquellos valientes canteros y maestros de obra levantaron dos sólidos muros de contención utilizando piedra de las canteras de Tafalla, con sus correspondientes cimentaciones, drenajes y soluciones constructivas para garantizar su estabilidad. Y lo hicieron tan bien que esa intervención ha llegado desde entonces hasta la actualidad. También supieron estudiar cuidadosamente las pendientes, resolviendo especialmente el fuerte desnivel existente en la zona de Recoletas. Aquella actuación dotó a Tafalla de un paso que anteriormente no tenía. Pero los derechos dan deberes y esos muros exigían su mantenimiento como cualquier obra.
Y vuelvo a la presentación celebrada en el Kulturgune. Me alegró comprobar la importante asistencia de vecinos y vecinas, una muestra evidente del interés que despierta este asunto. El alcalde explicó los aspectos administrativos del proyecto y, posteriormente, los técnicos redactores detallaron la propuesta. que fundamentalmente respondía a las demandas planteadas por el Ayuntamiento para resolver dos temas: por un lado, la accesibilidad de personas con minusvalías desde la zona de Recoletas hacia la parte Oeste de Tafalla y por otra resolver el mantenimiento del buen estado constructivo del muro de contención izquierdo del paso de la Cuatropea.
Sin embargo, la solución planteada me deja serias dudas. Se derriba el muro de contención izquierdo, muerto el perro se acaba la rabia. En cuanto a la accesibilidad, la mejora se limita al tramo comprendido entre el inicio de la cuesta, junto al paso de cebra de la calle García Goyena, y la acera situada bajo el puente. El acceso hasta la calle La Plana y, desde allí, hacia Correos o la calle San Isidro, continúa sin resolverse. No se soluciona con este proyecto.
Creo que conviene preguntarse por qué hemos llegado a esta situación. En buena medida, por el erróneo diseño y ejecución del acceso a través del Rincón de Mencos, cuyas rampas resultan impracticables para personas con movilidad reducida, familias con carritos infantiles o usuarios de sillas de ruedas. También influyó la eliminación del acceso desde la avenida de Estella hasta el espacio donde se encontraba aquel magnífico abrevadero, una pieza monolítica de nuestro patrimonio que hoy permanece elevada varios metros de su ubicación original. Si ese acceso todavía existiera, la conexión con la parte superior sería mucho más sencilla. En cambio, el proyecto obliga a salvar la rampa bajo el puente para encontrarse, finalmente, con las escaleras que siguen impidiendo completar el recorrido.
De los errores del pasado algunos pueden corregirse. Lo que cuesta entender es que no se estudien esas posibles correcciones antes de ejecutar una intervención de esta importancia.
Durante el turno de preguntas se plantearon cuestiones muy interesantes. Iñaki Urkia preguntó cómo se habían analizado los empujes estructurales del arco que descansa sobre los muros de contención. La respuesta fue que esos cálculos correspondían a los especialistas, aunque eché en falta una explicación más concreta.
Como recordarás, Oskar, yo misma pregunté si se habían realizado estudios geotécnicos o catas antes de plantear el derribo del muro. La respuesta fue negativa. También pregunté por qué el proyecto solo resolvía parcialmente la accesibilidad y la contestación fue que eso requeriría más presupuesto. Sinceramente, esa respuesta me dejó helada.
Pero quizá la intervención que más me gustó fue la de Gorka Lorea Malumbres. Dijo que había acudido esperando conocer distintas alternativas para poder opinar sobre ellas y, sin embargo, se encontró con un proyecto ya decidido y aprobado. No pude evitar recordar aquella conocida expresión: "Todo para el pueblo, pero sin el pueblo".
La participación ciudadana no puede limitarse a una presentación pública cuando las decisiones ya están tomadas. Escuchar, debatir y aceptar aportaciones mejora los proyectos y fortalece la confianza de la ciudadanía. Al derecho a la crítica debe corresponder también la posibilidad real de colaborar. Ese ha sido siempre el sentido de nuestro viejo auzolan.
Por eso me pregunto, Oskar, si no corremos el riesgo de repetir formas de actuar que en otras legislaturas criticábamos. Cuando se administran recursos que pertenecen a toda la ciudadanía —tafallesa y navarra— merece la pena explorar soluciones completas antes de resignarse a que el presupuesto marque los límites del debate.
Después de tantos años dejando atrás una terrible dictadura y esforzándonos por construir una democracia participativa, me pregunto ahora ¿se va a cambiar la M por la D ?
Espero y deseo Oskar que ello no ocurra de ningún modo. Continuaremos hablando.
Un saludo.