"Por la rotulación bilingúe en los centros educativos públicos"
Por Mikel Asiain, parlamentario de Geroa Bai
Lo que no se ve, no existe.
De lo que no se habla, tampoco existe.
Un ejemplo palmario de ello es lo ocurrido con el euskera en su propia tierra.
No sólo invisibilizado, sino menospreciado y vilipendiado -en muchos casos sibilinamente- también durante décadas, tal y como denunciaba Joan Mari Torrealdai en su obra “El libro negro del euskera”.
Y para muestra un botón, de ese mismo libro, en el que Torrealdai recogió macabras y habituales prácticas -narradas previamente por José María Satústegui-, en un apartado titulado “El anillo, el palo y el compás”:
“Tampoco la marcha de las escuelas nos ayuda mucho. En la mayoría había maestros de habla castellana y los niños no podían comprenderlos. Inventaban las cosas más extrañas para obligarles a hablar en castellano. De mano en mano solía andar un maléfico anillo. Se lo pasaban al último que hablaba euskera. Ya sabían lo que les venía. El palo.
Pero no se les golpeaba de cualquier manera: sino en la forma que más daño les producía. El palo les castigaba en las yemas de los dedos, colocados juntos y dirigidos hacia arriba”.
Afortunadamente, en ese mismo terreno, en el de la educación, hubo quien recorrió el camino inverso. Y pongo sólo un ejemplo. Uno de esos que nunca saldrá en un libro de historia, pero de los que merece la pena conocer.
Lina Gorostiaga nació en Ezkurra en 1938. Estudió magisterio en unos años en los que las mujeres no abundaban en las aulas universitarias, para recalar años más tarde en Burlada, donde, fiel a su vocación profesional y a su pasión por su lengua materna -el euskera- recorrió diversas casas de esa localidad buscando alumnado para su proyecto pedagógico: una ikastola en un piso de Burlada. Al estilo de la pionera Elbira Zipitria.
Y lo consiguió, a fuerza de tesón y entusiasmo.
Años más tarde confluiría con la Ikastola Paz de Ziganda, en donde se jubiló a finales de los 90. Falleció el pasado mes de julio.
A falta de sólo unos pocos días para la celebración del Nafarroa Oinez, debemos evocar aportaciones como las de Lina.
Son, señorías, dos caras opuestas de aquella educación de nuestra Comunidad. Una al servicio de la represión, y buscando el auto-odio lingüístico; y la otra, persiguiendo la igualdad y la libertad a través de la innovación.
Cuestiones para la memoria histórica, que no deben caer en saco roto.
Dichosamente también, tanto desde la sociedad civil, como de las propias instituciones públicas, esa realidad fue cambiando. Dejo, es cierto, para otro momento los ataques judiciales que está padeciendo en los últimos años.
Afortunadamente decía, y una muestra de ello se da en los datos de matriculación en los centros escolares en los modelos en euskera o que conllevan como asignatura la “lingua navarrorum”:
- 53 % en modelo G
- 30 % en modelo D
- 17 % en modelo A
- 0’1 % en modelo B
Ratifican que prácticamente un 50% de la población escolar de nuestra Comunidad lo hacen en euskera (modelo D) o con euskera con asignatura (modelos A y B).
Pero en Geroa Bai entendemos que no está de más que esa otra mitad -la matriculada en modelo G- tenga una mínima relación con el euskera.
Vivimos en la época de la imagen, y del mensaje rápido. Lo destacan los expertos en comunicación.
De ahí la importancia de la cartelería y la señalética en nuestra sociedad.
Más, si cabe, en una Comunidad como la nuestra donde conviven dos lenguas propias, el euskera y el castellano.
Es por ello que consideramos imprescindible que, siquiera desde un punto de vista meramente educativo y cultural, la ciudadanía -especialmente la población infantil y juvenil en este caso- tenga la posibilidad de tener un mínimo contacto, el visual, con ambas lenguas propias a través de letreros, carteles o señales.
Hace poco más de un año pasaron por el Parlamento los sociólogos Xabier Erice y Carlos Vilches para, en una sesión de trabajo, darnos a conocer su trabajo titulado:
FOMENTO DEL EUSKERA EN NAVARRA A PARTIR DE ELEMENTOS DISCURSIVOS
CON RESONANCIA SOCIAL
(investigación con metodología mixta: cualitativa y cuantitativa)
Un denso y prolijo trabajo que, como su propio título indica, se había realizado de una manera novedosa: no se habían limitado a la mera recopilación de datos numéricos, de frías cifras, sino que las habían combinado con un análisis cualitativo, lo que permitía ofrecer una visión de la realidad mucho más cercana, que la presentada en otro tipo de estudios.
No puedo desglosar todos los datos positivos que recogía, pero sí mencionaré uno: A un 82% “le parecería apropiado incluir en los programas escolares unas nociones culturales básicas sobre el euskera de/en Navarra”.
¡Aprovechemos esa ola positiva respecto del euskera existente entre la población de nuestra Comunidad!
¡No hurtemos a nuestros niños y jóvenes -especialmente a esa mitad matriculada en modelo G- a un contacto mínimo, pero tremendamente enriquecedor desde un punto de vista educativo y cultural, con el euskera!
No les hurtemos que puedan saber que escuela, también es eskola; que comedor es jantoki; que aula es gela; que pintura es margoketa; que patio es jolas-toki; que profesor o profesora es irakasle; que lápiz es arkatz; tiza, klariona; o que pizarra es también arbela…
Enriquezcamos su presente y su futuro.
De una forma, además, muy sencilla.
Porque no se puede querer aquello que no se conoce.
Por todo ello, el pasado día 17 presentamos en el Parlamento de Navarra una moción en la que solicitábamos que toda la cartelería y señalética de los centros educativos públicos de Navarra fuera bilingüe, en euskera y castellano.
¡Y se aprobó!
Eso sí, con la abstención de UPN ¡y de PSN!
Mikel Asiain